Los tres sueños de amor de Franz Liszt

Romeo y Julieta, Frank Bernard Dicksee.

 

En 1850, Franz Liszt compuso sus Liebesträume (Sueños de amor), tres pequeñas piezas para piano basadas en dos poemas de Ludwig Uhland (1787-1862) y uno de Ferdinand Freiligrath (1810-1876) que describen, respectivamente, tres tipos de amor: el amor como éxtasis religioso, el amor como deseo erótico y el amor como entrega total.

De ese conjunto, la pieza que ha sobrevivido en el tiempo es el Nocturno N° 3, popularmente conocido como el Sueño de amor de Liszt, relegando los otros dos al olvido.



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Nocturno N° 3. Sueño de amor


Está escrito en La bemol mayor y se inicia en “poco allegro”, aunque luego va creciendo. Está dividido en tres partes, separadas cada una por una rápida melodía que exige bastante destreza y un grado relativamente alto de habilidad técnica. Se utiliza esta misma melodía a lo largo de toda la pieza, aunque cambia cada vez, especialmente hacia la mitad de la obra, cuando se alcanza el momento culminante. Al final, el Liebesträume n.º 3 se va apagando en una sección final mucho más lenta con acordes y lentos arpegios y termina con un acorde roto tocado muy lentamente, como si fueran notas sueltas más que unidas en una misma frase.


El poema en el que se inspira dice así:

¡Oh, ama, ama tanto como puedas!

¡Oh, ama, ama tanto como debas!

Llegará la hora, llegará la hora

en que sobre las tumbas te lamentarás.


Asegúrate de que tu corazón arda,

y sostén y mantén el amor

tanto como el otro corazón ardientemente lata

con su amor por ti.


Y si alguien te comparte su alma,

correspóndele lo mejor que puedas.

Dale alegría a cada instante,

¡no permitas que pase penas!


Presta atención a tus palabras,

¡que ningún daño salga de tus labios!

“Oh, Dios, no quise herirle”,

pero el amado retrocede y se lamenta.


¡Oh, ama, ama tanto como puedas!

¡Oh, ama, ama tanto como debas!

Llegará la hora, llegará la hora

en que sobre las tumbas te lamentarás.


Te postrarás junto a la tumba,

y tus ojos estarán tristes y húmedos.

Nunca volverás a ver a tu amado,

solo la hierba alta y húmeda del cementerio.


Dirás: “Mírame desde allá abajo,

¡soy quien se lamenta junto a tu tumba!

¡Perdona mis desaires!

¡Oh, Dios, no quise herirle!”.


Pero tu amado no te ve ni te escucha,

yace más allá de tu consuelo;

los labios que besaste tantas veces hablan:

“No de nuevo: ¡te perdoné hace mucho tiempo!”.


Sin duda te perdonó,

pero derramaría copiosas lágrimas

sobre ti y tu palabra irreflexiva.


¡Tranquilízate! Él descansa, ya ha fallecido.

¡Oh, ama, ama tanto como puedas!

¡Oh, ama, ama tanto como debas!

Llegará la hora, llegará la hora

en que sobre las tumbas te lamentarás



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